jueves, 28 de agosto de 2008

EGIPTO


El Antiguo Egipto fue una civilización que se originó a lo largo del cauce medio y bajo del río Nilo, y que alcanza tres épocas de esplendor faraónico en los periodos denominados: Imperio Antiguo, Imperio Medio, e Imperio Nuevo. Alcanzaba desde el delta del Nilo en el norte, hasta Elefantina, en la primera catarata del Nilo, en el sur, llegando a tener influencia desde el Éufrates hasta Jebel Barkal, en la cuarta catarata del Nilo, en épocas de máxima expansión. Su territorio también abarcó, en distintos periodos, el desierto oriental y la línea costera del mar Rojo, la península del Sinaí, y un gran territorio occidental dominando los dispersos oasis. Históricamente, fue dividido en Alto y Bajo Egipto, al sur y al norte respectivamente. (Véase: Kemet)


Pirámide de Jafra y la Gran Esfinge de Giza.
La civilización egipcia se desarrolló durante más de 3000 años. Comenzó con la unificación de varias ciudades del valle del Nilo, alrededor de 3150 a. C., y se da convencionalmente por terminado en 31 a. C., cuando el imperio romano conquistó y absorbió el Egipto ptolemaico, que desaparece como estado. Este acontecimiento no representó el primer período de dominación extranjera, pero fue el que condujo a una transformación gradual en la vida política y religiosa del valle del Nilo, marcando el final del desarrollo independiente de su cultura. Su identidad cultural había comenzado a diluirse paulatinamente tras las conquistas de los reyes de Babilonia (siglo VI a. C.) y Macedonia (siglo IV a. C.), desapareciendo su religión con la llegada del cristianismo, en la época de Justiniano I, cuando en 535 fue prohibido el culto a la diosa Isis, en el templo de File.
Egipto tiene una combinación única de características geográficas, situada en África nordoriental y confinada por Libia, Sudán, el mar Rojo y el mar Mediterráneo. El Nilo fue la clave para el éxito de la civilización egipcia: el légamo fértil depositado a lo largo de los bancos del Nilo tras las inundaciones anuales significó para los egipcios el practicar una forma de agricultura menos laboriosa que en otras zonas, liberando a la población para dedicar más tiempo y recursos al desarrollo cultural, tecnológico y artístico.
La vida se ordenaba entorno al desarrollo de un sistema de escritura y de una literatura independientes, así como en un cuidado control estatal sobre los recursos naturales y humanos, caracterizado sobre todo de la irrigación del fértil valle del Nilo y la explotación minera del valle y de las regiones desérticas circundantes, la organización de proyectos colectivos, el comercio con las regiones vecinas de África del este y central y con las del mediterráneo oriental y finalmente, por empresas militares que mantuvieron una hegemonía imperial y la dominación territorial de civilizaciones vecinas en diversos períodos. La motivación y la organización de estas actividades dependía de una élite sociopolítica y económica que alcanzó consenso social por medio de un sistema basado en creencias religiosas, bajo la dirección del Faraón un personaje semi-divino, generalmente masculino, perteneciente a una sucesión de dinastías, no siempre del mismo linaje.


Cronología
Antiguo EgiptoDinastías y faraones
Periodo predinástico
Periodo protodinástico
Periodo arcaico: l- II
Imperio Antiguo: III IV V VI
I PI: VII VIII IX X XI
Imperio Medio: XI XII
II PI: XIII XIV XV XVI XVII
Imperio Nuevo: XVIII XIX XX
III PI: XXI XXII XXIII XXIV XXV
Periodo tardío: XXVI XXVII
XXVIII XXIX XXX XXXI
Periodo Helenístico:
Macedónico . Ptolemaico
Periodo Romano
La obtención de una cronología exacta del Antiguo Egipto es una tarea problemática. Existen desacuerdos entre egiptólogos, con variaciones de algunos años en el último período, convirtiéndose en décadas al principio del Imperio Nuevo, y casi en un siglo para el comienzo del Imperio Antiguo (véase: Dinastías de Egipto: Cronología comparada).
El primer problema surge por el hecho de que no utilizaron un sistema de datación homogéneo: no tenían un concepto de una era similar al Anno Domini, o la costumbre de nombrar los años, como en Mesopotamia (Véase Limmu). Databan con referencia a los reinados de los distintos faraones, solapando posiblemente los interregnos y las épocas de corregencia. Un problema añadido surge al comparar las distintas Listas Reales de los faraones, pues están incompletas o con datos contradictorios, incluso en el mismo texto; Las obras del mejor historiador sobre Egipto, Manetón, se perdieron y sólo las conocemos a través de epítomes de escritores posteriores como Flavio Josefo, Eusebio de Cesarea, Sexto Julio Africano o el monje Sincelo. Desafortunadamente las fechas de algunos reinados varían de uno a otro autor.
Los inicios de la civilización egipcia
Las evidencias arqueológicas indican que la civilización egipcia comenzó alrededor del sexto milenio a. C., durante el Neolítico, cuando se asentaron los primeros pobladores (véase el periodo predinástico). El río Nilo, en torno al cual se asienta la población, ha sido la línea de referencia para la cultura egipcia desde que los nómadas cazadores-recolectores comenzaron a vivir en sus riberas durante el pleistoceno. Los rastros de éstos primeros pobladores quedaron en los objetos y signos grabados en las rocas a lo largo del valle del Nilo y en los oasis.
A lo largo del Nilo, en el onceno milenio a. C., una cultura de recolectores de grano había sido substituida por otra de cazadores, pescadores, y recolectores que usaban herramientas de piedra. Los estudios también indican asentamientos humanos en el sudoeste de Egipto, cerca de la frontera con Sudán, antes del 8000 a. C. La evidencia geológica y estudios climatológicos sugieren que los cambios del clima, alrededor del 8000 a. C., comenzaron a desecar las tierras de caza y pastoreo de Egipto, conformándose paulatinamente el desierto del Sáhara. Las tribus de la región tendieron a agruparse cerca del río, en donde surgieron pequeños poblados que desarrollaron una economía agrícola. Hay evidencias de pastoreo y del cultivo de cereales en el este del Sáhara en el séptimo milenio a. C..
Alrededor del 6000 a. C., ya había aparecido en el valle del Nilo la agricultura organizada y la construcción de grandes poblados. Al mismo tiempo, en el sudoeste se dedicaban a la ganadería y también construían. El mortero de cal se usaba en el 4000 a. C. Es el denominado periodo predinástico, que comienza con la cultura de Naqada, aunque algunos egiptólogos lo sitúan antes, en el Paleolítico Inferior.
Entre el 5500 y el 3100 a. C., durante el Predinástico, los asentamientos pequeños prosperaron a lo largo del Nilo. En el 3300 a. C., momentos antes de la primera dinastía, Egipto estaba dividido en dos reinos, conocidos como Alto Egipto Ta Shemau y Bajo Egipto Ta Mehu.[1] La frontera entre ambos se situaba en la actual zona de El Cairo, al sur del delta del Nilo.
La historia de Egipto como estado unificado comienza alrededor del 3050 a. C. Menes, que unificó el Alto y el Bajo Egipto, fue su primer rey. La cultura y costumbres egipcias fueron notablemente estables y apenas variaron en casi 3000 años, incluyendo religión, expresión artística, arquitectura y estructura social.
La cronología de los reyes egipcios da comienzo en esa época. La cronología convencional es la aceptada durante el siglo XX, sin incluir cualesquiera de las revisiones que se han hecho en ese tiempo. Incluso en un mismo trabajo, los arqueólogos ofrecen a menudo, como posibles, varias fechas e incluso varias cronologías, y por ello puede haber discrepancias entre las fechas mostradas en las distintas fuentes. También se dan varias posibles transcripciones de los nombres. Tradicionalmente la egiptología clasifica la historia de la civilización faraónica dividida en dinastías, siguiendo la estructura narrativa de los epítomes de la Aigyptiaká (Historia de Egipto), del sacerdote egipcio Manetón.
Periodos de la historia de Egipto
Periodo Predinástico (c. 5500 a. C. - 3200 a. C.)



Perro de piedra amratiense. Louvre
Los primeros pobladores de Egipto alcanzaron las riberas del río Nilo, por entonces un conglomerado de marismas y foco de paludismo, en su huida de la creciente desertización del Sáhara.
Se sabe, por los restos arqueológicos, que antiguamente el Sáhara tenía un clima mediterráneo, más húmedo que el actual. En los macizos del Ahagar y el Tibesti había abundante vegetación. Para aquellos pobladores, el Sáhara sería una extensa estepa con grandes herbívoros que cazar. Las culturas saharianas son, en gran medida, desconocidas, pero no por ello inexistentes.
Las sucesivas fases del neolítico están representadas por las culturas de El Fayum, hacia el 5000 a. C., la cultura Tasiense, hacia el 4500 a. C. y la cultura de Merimde, hacia el 4000 a. C. Todas ellas conocen la piedra pulimentada, la cerámica, la agricultura y la ganadería. La base de la economía era la agricultura; esta se realizaba aprovechando el limo, fertilizante natural que aportaban las anuales inundaciones del río Nilo.


Vasija de terracota con forma de ave. (Naqada II).Louvre.
Tras estas culturas aparecieron la cultura baderiense y la cultura amratiense, hacia 3800 a. C.
Hacia el año 3600 a. C. surge la gerzeense, que se difunde por todo Egipto, unificándolo. Esta consonancia cultural llevará a la unidad política, que surgirá tras un periodo de luchas y alianzas entre clanes para imponer su supremacía.
Para lograr mayor eficacia y producción, hacia 3500 a. C., comenzaron a realizarse las primeras obras de canalización y surge la escritura con jeroglíficos en (Abidos). En esta época comenzaron los proto-estados:Las primeras comunidades hicieron habitable el país y se organizaron en regiones llamadas nomos. Los habitantes del Delta tenían una organización feudal y llegaron a establecer dos reinos con dos jefes o monarcas respectivamente. Un reino estaba asentado en un lugar pantanoso, que se llamaba reino del Junco y tenía como símbolo un tallo de junco. Su capital era Buto; tenían a una cobra como tótem. El otro reino tenía como capital a Busiris y como tótem un buitre pero su símbolo era una abeja y llegó a conocerse como reino de la Abeja. Ambos reinos estaban separados por un brazo del río Nilo.
El reino de la Abeja conquistó al reino del Junco de manera que el Delta quedó unificado. Pero algunos de los vencidos huyeron a establecerse en la zona del Alto Egipto donde fundaron ciudades dándoles el mismo nombre que aquellas que habían dejado en el Delta. Por eso muchas ciudades de esta época tiene nombres semejantes en el Alto y Bajo Egipto. Estas gentes fueron prosperando considerablemente hasta llegar a organizarse en un Estado.
Periodo Protodinástico (c. 3200 - 3100 a. C.)
Artículo principal: Periodo protodinástico



Paleta ceremonial de época protodinástica. Louvre
Considerado la fase final del periodo predinástico, también conocido como dinastía 0, predinástico tardío, o periodo Naqada III. Esta regido por gobernantes del Alto Egipto que residirán en Tinis, se hacen representar con un serej y adoran a Horus. El nombre de estos reyes figura en la Piedra de Palermo, grabada 700 años después. En este periodo surgen las primeras auténticas ciudades, tales como Tinis, Nubet, Nejeb, Nejen, etc. Son típicos de esta época los magníficos vasos tallados en piedra, cuchillos y paletas ceremoniales, o las cabezas de mazas votivas. Narmer pudo ser el último rey de esta época, y el fundador de la dinastía I.
Periodo Arcaico (c. 3100 - 2700 a. C.)



Cuchillo ceremonial de época arcaica. Royal Ontario Museum
A finales del periodo predinástico, Egipto se encontraba dividido en pequeños reinos; los principales eran: el de Hieracómpolis (Nejen) en el Alto Egipto y el de Buto (Pe) en el Bajo Egipto. El proceso de unificación fue llevado a cabo por los reyes de Hieracómpolis.
La tradición egipcia atribuyó la unificación a Menes, quedando esto reflejado en las Listas Reales. Este personaje es, según Alan Gardiner, el rey Narmer, el primer faraón del cual se tiene constancia que reinó sobre todo Egipto, tras una serie de luchas, tal como quedó atestiguado en la paleta de Narmer. Según Manetón,este periodo lo conforman las dinastías I y II.


Egipto durante los imperios antiguo y nuevo
Imperio Antiguo (c. 2700 - 2250 a. C.)
Artículo principal: Imperio Antiguo
Bajo la dinastía III la capital se estableció definitivamente en Menfis, de donde procede la denominación del país, ya que el nombre del principal templo, Hat Ka Ptah "casa del espíritu de Ptah", que pasó al griego como Aegyptos, con el tiempo designó primero al barrio en el que se encontraba, luego a toda la ciudad y más tarde al reino.
En la época de la tercera dinastía comenzó la costumbre de erigir grandes pirámides y monumentales conjuntos en piedra, gracias al faraón Dyeser, pero fue durante la dinastía IV, con Seneferu, Keops y Kefrén, cuando se construyeron las mayores pirámides. Sin embargo, el esfuerzo y recursos invertidos en ellas determinó que el poder absoluto y prestigio del faraón se resintiera.
La dinastía V marca el ascenso del alto clero y los influyentes gobernadores locales, (nomarcas), y durante el largo reinando de Pepy II se acentuará una época de fuerte descentralización, denominada primer periodo intermedio de Egipto. Son las dinastías III a VI.
Primer Periodo Intermedio (c. 2250 - 2050 a. C.)
Artículo principal: Primer periodo intermedio
Fue un período de descentralización del estado egipcio. Esta época destacó por un gran florecimiento literario, con textos doctrinales o didácticos, que muestran el gran cambio social. El importante cambio de mentalidad, así como del crecimiento de la clases medias en las ciudades originó una nueva concepción de las creencias, reflejándose en la aparición de los denominados Textos de los Sarcófagos. Osiris se convirtió en la divinidad más popular, con Montu y Amón. Los nomos de Heracleópolis y Tebas se constituyeron como hegemónicos, imponiéndose finalmente este último. Son las dinastías VII a XI.

Mentuhotep II. MMNY.
Imperio Medio (c. 2050 - 1800 a. C.)
Artículo principal: Imperio Medio
Se considera que se inicia con la reunificación de Egipto bajo Mentuhotep II. Es un periodo de gran prosperidad económica y expansión exterior, con faraones pragmáticos y emprendedores. Este periodo lo conforma el final de la dinastía XI y la XII.
Se realizaron ambiciosos proyectos de irrigación en El Fayum, para regular las grandes inundaciones del Nilo, desviándolo hacia el lago Moeris (El Fayum). También se potenciaron las relaciones comerciales con las regiones circundantes: africanas, asiáticas y mediterráneas. Las representaciones artísticas se humanizaron, y se impuso el culto al dios Amón. A mediados de 1800 a. C., los dirigentes hicsos vencieron a los faraones egipcios; lo que comenzó como una migración paulatina de libios y cananeos hacia el delta del Nilo, se transformó con el tiempo en conquista militar de casi todo el territorio egipcio, originando la caída del Imperio Medio. Los hicsos también vencieron porque poseían mejores armas, y supieron utilizar el factor sorpresa.
Segundo Periodo Intermedio (c. 1800 - 1550 a. C.)
Artículo principal: Segundo periodo intermedio
Durante gran parte de este periodo dominaron Egipto los gobernantes hicsos, jefes de pueblos nómadas de la periferia, especialmente libios y asiáticos, que se establecieron en el delta, y tuvieron como capital la ciudad de Avaris. Finalmente, los dirigentes egipcios de Tebas declararon la independencia, siendo denominados la dinastía XVII. Proclamaron la "salvación de Egipto" y dirigieron una "guerra de liberación" contra los hicsos. Fueron las dinastías XIII a XVII, parcialmente coetáneas.


Ramsés II. Imperio Nuevo. Luxor
Imperio Nuevo (c. 1550 - 1070 a. C.)
Artículo principal: Imperio Nuevo
Es un periodo de gran expansión exterior, tanto en Asia (donde llegan al Éufrates) como en Kush (Nubia). La dinastía XVIII comenzó con una serie de faraones guerreros, desde Ahmose I hasta Tutmosis III y Tutmosis IV. Bajo Amenhotep III se detuvo la expansión y se inició un período de paz interna y externa.
Esta se quebranto bajo su hijo Amenhotep IV o Ajenatón, que inició una reforma religiosa tendente al monoteísmo, ganándose la oposición del clero de Amón. A la vez se perdieron grandes posesiones en Asia ante los hititas.
Después de un período de debilidad monárquica, llegaron al poder las castas militares, la dinastía XIX, o Ramésida, que, fundamentalmente bajo Sethy I y Ramsés II, se mostró enérgica contra los expansionistas reyes hititas.
Durante los reinados de Merenptah, sucesor de Ramsés II, y Ramsés III, de la dinastía XX, Egipto tuvo que enfrentarse a las invasiones de los Pueblos del Mar, originarios de diversas áreas del Mediterráneo oriental (Egeo, Anatolia), y de los libios.
Tercer Periodo Intermedio (c. 1070 - 656 a. C.)
Artículo principal: Tercer periodo intermedio
Comienza con la instauración de dos dinastías de origen libio que se repartieron Egipto: una, desde Tanis, la bíblica Zoán, en el (Bajo Egipto), y otra, cuyos reyes tomaron el título de Sumos sacerdotes de Amón, desde Tebas. El periodo termina con la dominación de los reyes kushitas. Son las dinastías, parcialmente coetáneas, XXI a XXV.


Apries. Periodo Tardío.
Periodo Tardío (c. 656 - 332 a. C.)

Comienza con la dinastía Saíta, con dos periodos de dominación persa, así como con varias dinastías coetáneas de gobernantes egipcios independientes. Egipto se convirtió finalmente en una satrapía. Son las dinastías XXVI a XXXI.
Periodo Helenístico (332 - 30 a. C.)
Artículo principal: Periodo Helenístico de Egipto
Véase también: Alejandro Magno, Alejandría, y Periodo helenístico


Alejandro Magno
Se inicia con la conquista de Egipto por Alejandro Magno de Macedonia en 332 a. C., y la llegada al poder en 305 a. C. de la dinastía ptolemaica, de origen macedonio. Finaliza con la incorporación de Egipto al Imperio Romano tras la batalla de Actium, en el año 31 a. C. En el año 30 a. C. muere Cleopatra y Egipto se convierte en una provincia del Imperio Romano.
Periodo Romano (30 a. C. - 640 d. C.)
Artículo principal: Periodo Romano de Egipto
El 30 de julio del año 30 a. C. entró en Alejandría Octavio, que liquidó definitivamente la independencia política de Egipto, convirtiéndolo en provincia romana.
Pasó a sus sucesores bizantinos después que el Imperio fuera repartido el año 395, y permaneció en sus manos hasta la conquista árabe del año 640. Los últimos vestigios de la tradicional cultura del Antiguo Egipto finalizan definitivamente a comienzos del siglo VI, con los últimos sacerdotes de Isis, que oficiaban el templo de la isla de File, al proscribirse el culto a los "dioses paganos".
Economía egipcia


Cosecha
La economía de Egipto se basaba en la agricultura. La vida dependía de los cultivos de las tierras inundadas por el río Nilo. Tenían un sistema de diques, estanques y canales de riego que se extendían por todas las tierras de cultivo. En las riberas del Nilo los campesinos egipcios cultivaban muchas clases de cereales. El grano cosechado se guardaba en graneros y luego se usaba para elaborar pan y cerveza. Las cosechas principales eran de trigo, cebada y lino.
La agricultura estaba centrada en el ciclo del Nilo. Había tres estaciones: Akhet, Peret, y Shemu. Akhet, la estación de la inundación, duraba de junio a septiembre. Después de la inundación quedaba una capa de légamo en los bancos, enriqueciendo la tierra para la cosecha siguiente. En Peret, la estación de la siembra entre octubre y febrero, los granjeros esperaban hasta que se drenaba el agua, y araban y sembraban el rico suelo. Acabada la labor, irrigaban usando diques y canales. Seguía Shemu, la estación de la cosecha de marzo a mayo, cuando se recolectaba con hoces de madera.
En los huertos se cultivaban guisantes (arveja), lentejas, cebolla, puerros, pepinos y lechugas, además de uvas, dátiles, higos y granadas. Entre los animales que criaban por su carne, se encuentran los cerdos, ovejas, cabras, gansos y patos.
Los egipcios cultivaban más alimentos de los que necesitaban, y hacían intercambio de sus productos. Algunas de las materias que ellos importaban de territorios extranjeros eran el incienso, la plata, y madera fina de cedro. Gran parte del los productos del comercio egipcio se transportaba en barcos, por el Nilo y el Mediterráneo.
Durante la mayor parte de su existencia, unos tres milenios, el Antiguo Egipto fue el país más rico del mundo.
Administración y Hacienda
Lista de Sesostris I, nomos del 5º al 7º del Alto Egipto.
Egipto estaba dividido en sepat (provincias, o nomos en griego) con fines administrativos. Esta división se puede remontar de nuevo al período Predinástico (antes de 3100 a. C.), cuando los nomos eran ciudades-estados autónomas, y permanecieron por más de tres milenios, manteniendo sus costumbres. Bajo este sistema, el país fue dividido en 42 nomos: 20 del Bajo Egipto, mientras que el Alto Egipto abarcaba 22. Cada nomo estaba gobernado por un monarca, gobernador provincial que ostentaba la autoridad regional.
El gobierno impuso diversos impuestos, que al no existir moneda eran pagados en especie, con trabajo o mercancías. El Tyaty (visir) era el responsable de controlar el sistema impositivo en nombre del faraón, a través de su departamento. Sus subordinados debían tener al día las reservas almacenadas y sus previsiones. Los impuestos se pagaban según el trabajo o las rentas de cada uno, los campesinos (o los terratenientes en periodos posteriores) en productos agrícolas, los artesanos con parte de su producción, y de forma similar los pescadores, cazadores, etc.
El estado requería una persona de cada casa para realizar trabajos públicos algunas semanas al año, haciendo o limpiando canales, en la construcción de templos o tumbas e incluso en la minería (esto último, sólo si no había prisioneros de guerra). Los cazadores y pescadores pagaban sus impuestos con capturas del río, de los canales, y del desierto. Las familias acomodadas podían contratar sustitutos para satisfacer esta obligación.

GRACIA


Grecia, oficialmente la República Helénica (en griego: Ελληνική Δημοκρατία), es un país del sureste de Europa que forma parte de la Unión Europea (UE).
Situado en el lado sur de la Península Balcánica, limita con Bulgaria, la Antigua República Yugoslava de Macedonia y Albania al norte, al este con Turquía y al oeste y sur con el Jónico y el Mediterráneo.
Etimología
Grecia: proveniente del término latino graecus (Γραικοί), forma como Aristóteles se refería al nombre del país. En realidad el nombre está relacionado con el de la gente de Epiro. Otro nombre que recibe está relacionado al término de Alejandro Magno, “Helénico”, que proviene de Ellada (Ελλάδα) y que significa ‘tierra ligera’. También se relacionó al país griego con helios (sol). La raíz de donde se formó realmente su nombre no es muy certera, pero es en el Imperio romano donde comienzan a llamarle Grecia.
Historia
Artículo principal: Historia de Grecia
Lugares y Pueblos
La civilización griega se extendió hasta las islas del mar Egeo, la costa oriental del Egeo, las costas meridionales en torno de los mares Adriático y Tirreno y muchos sitios costeros alrededor de toda la cuenca mediterránea. Luego con las conquistas de Alejandro Magno se extenderían hacia el Oriente. Grecia es una civilización secundaria del segundo grado, surgió en curso de la época de las tinieblas griegas que abarcan desde el desastre de la cultura micénica (siglos XII a [[siglo XI a. C. XI a. C.). Grecia estaba compuesta por varias culturas como los Jonios, Dorios y Eolios.
Civilización Minoica
Es la primera civilización del mundo griego que florecía en la isla de Creta. Sus habitantes se establecieron hacia el año 6000 a. C. y alcanzaron el máximo de esplendor entre el año 2000 y el 1450 a. C. Contaban con una abundante riqueza la cual provenía del comercio con otras ciudades de la edad de bronce. También esta riqueza provenía de fértil suelo de Creta que producía aceites, cereales y vino en abundancia. Toda esta economía se centraba en los ricos palacios. Estos palacios se caracterizaban por estar decorados con escenas pintadas llamadas «frescos», todos estos palacios se construyeron cerca del mar, los restos de los lujosos edificios evidenciaban la técnica de los minoicos.
Civilización Micénica
Grecia disponía en la Edad de Bronce de centros importantes entre ellos Micenas. El rey vivía en grandes palacios con que desempeñaban el papel de cuartel general militar y centro administrativo. El pueblo micénico se caracterizó por su maestría en el comercio marítimo. Alcanzaron su cenit sobre el año 1600 a. C., y poco a poco fueron decayendo hasta la invasión de los aqueos.
Civilización Griega
No es fácil delimitar la civilización griega ni en cuanto a espacio ni en tiempo. El desarrollo de la cultura griega se podría dividir en tres fases: la Arcaica, la Clásica y la Helenística. En este curso histórico surgieron varios hechos importantes y fundamentales en la formación definitiva de lo que fue Grecia posteriormente: la formación de las dos polis (ciudades), el siglo V, la Edad Ateniense, las guerras como Médicas o la del Peloponeso (cinco años después de la cual se trataron de modificar las ciudades estados), La preeminencia de Macedonia (con Filipo II y su hijo, Alejandro Magno) y la extensión por Asia del mundo helenístico. La dominación romana en el siglo II a. C. pondría punto final a la civilización Griega políticamente, pero dejaría una impronta indeleble en sus invasores a través de los siglos.
Síntesis histórica
«De la época de las tinieblas a las polis». Esta época corresponde al surgimiento de Grecia como civilización (siglo XI al siglo IX a. C.), en el curso del siglo X se produjo un proceso de urbanización en el cual se trataba de agrupar varias aldeas hasta llegar a formar ciudades como Esparta y Atenas. La organización interna socio-política de estas primitivas polis estaba dominada por las tribus Ethnos (junto a los hogares clanes y fraternidades). Estas ciudades estado eran gobernadas por reyes que ejercían la autoridad religiosa, militar y política, excepto Esparta ya que hasta cierto grado la autoridad de los reyes empezó a ser reemplazada por una autoridad aristocrática formada por terratenientes que podían criar mantener y montar sus caballos. Otros dos factores que formaron un papel fundamental en la formación de la civilización griega fueron la institución de los juegos panhelénicos como los juegos olímpicos, comenzados en los años 776 a. C. los cuales subrayan los rasgos comunes de los griegos y las dos epopeyas de Homero probablemente compuesta en el siglo VIII a. C. El siglo VIII a. C. fue un periodo revolucionario para la formación de la civilización griega ya que asistimos a la introducción del alfabeto fenicio y su adaptación a la lengua griega, se mejoraron también la metalurgia del hierro y las técnicas agrícolas; esto produjo como resultado el aumento de la población lo cual genero necesidades como la fundación de colonias. Estas colonias enviaban metales y alimentos a sus metrópolis e importaban a cambio productos ya terminados. Esta prosperidad comercial, entre otros factores, condujo a la rápida fundación de las ciudades estado griegas por la costa del Egeo y sus islas (a finales de ese siglo ya había más de 700 ciudades-estado).Ésta riqueza avivó cada vez más las ansias de independencia política de las colonias respecto a sus metrópolis, no siempre por la vía pacífica lo que originó la creación de ejércitos y técnicas militares perfeccionadas como la infantería pesada (los hoplitas), que reemplazaron a los anteriores ejércitos de caballería. A modo general puede decirse que en los siglos VIII al VI a. C., las polis griegas experimentaron una transición de un sistema de gobierno monárquico a uno aristocrático. En el curso de las crisis sociales de los siglos VII y VI a. C. pasaron por una serie de gobiernos dictatoriales (los tiranos) hasta llegar finalmente a unos gobiernos democráticos. Esparta siguió un curso distinto por que conservo su doble monarquía, y después de la segunda guerra desarrolló una organización militar que llego a caracterizarlo a futuro.
Período prehelénico
Guerras Médicas
Artículo principal: Guerras Médicas
Entre los años 499 al 478 a. C., Grecia se enfrentó a una gran amenaza, los persas. Durante mucho tiempo Persia fue una amenaza principalmente en los territorios del Asia Menor, estas guerras transcurrieron bajo dos reinados persas, el de Darío I y el de Jerjes (hijo de éste). Esta guerra se desarrolló en dos partes, teniendo como resultado la victoria de las polis griegas, gracias en parte a sus desarrollados navíos:
La Primera Guerra Médica, en la que tuvo lugar la Batalla de Maratón.
La Segunda Guerra Médica, en la que acontecieron la Batalla de las Termo pilas y la de Salamina.
La Confederación Ateniense y el Siglo de Pericles
Artículo principal: Siglo de Pericles
Para proseguir la lucha marítima contra el Imperio persa, Atenas organizó la Confederación Ateniense o Liga de Delos (477 a. C.), y a partir de entonces dominó el comercio marítimo del mundo colonial griego. Atenas se convirtió además en un centro político e intelectual, cuyo período de mayor esplendor correspondió al gobierno de Pericles, fundamentalmente desde 462 a. C. hasta 429 a. C., en el que su influencia política se dejó sentir con intensidad. En política interior, Pericles modificó las leyes, dándoles un sentido más democrático, estableció la retribución de los cargos públicos y reconstruyó la ciudad, muy dañada a consecuencia de las Guerras Médicas. Las reformas constitucionales que emprendió fueron consecuencia de la transformación de la estructura social: los nobles, cuya influencia política descansaba sobre la propiedad territorial, pasaron a un segundo plano, mientras que la clase media, constituida por marinos, comerciantes y artesanos, se convirtió en una clase privilegiada, que obtuvo la dirección política de la ciudad.[cita requerida]
En la esfera de relaciones internacionales, Pericles se encontró ante dos problemas: el de acabar definitivamente el conflicto con Persia, que persistía en sus ataques a las colonias griegas de Asia Menor, y el de convivir con Esparta. En cuanto al primero de ellos, Pericles logró establecer con los persas un armisticio beneficioso (Paz de Calias en 449 a. C.). Respecto al segundo problema, en 446 a. C. concertó una paz de treinta años con Esparta, por lo que esta ciudad reconocía la Liga de Delos; en compensación, Atenas renunciaba a la hegemonía terrestre, evacuando sus posiciones en el Peloponeso y en el Istmo.[cita requerida]
Guerra del Peloponeso
Artículo principal: Guerra del Peloponeso
El siglo pre Alejandrino
Las ciudades griegas sometidas antes a Atenas vieron que la tiranía impuesta ahora por Esparta resultaba más dura. Por ello, en 403 a. C. estalló un alzamiento general, que derrocó el régimen de los Treinta Tiranos y restableció la democracia en Atenas. El movimiento anti Espartano era capitaneado por Tebas, que contaba con el apoyo de Atenas, Argos y Corinto (Guerra de Corinto, 394 a. C. a 387 a. C.). Pese a que los aliados fueron derrotados en la batalla terrestre de Coronea (394 a. C.), la decisión estratégica de la lucha se solventó en el mar, donde aquellos destruyeron la flota espartana en Cnido (394 a. C.). Esparta, que veía peligrar su hegemonía, pidió ayuda a los persas, y la intervención de éstos obligó a los aliados a aceptar la Paz de Antálcidas (386 a. C.). A consecuencia de esta paz, Persia se anexó las colonias griegas de Asia Menor y cerró a Atenas toda posibilidad de rehacer su antiguo Imperio marítimo, mientras que reconocía a Esparta su papel de rectora de la Liga del Peloponeso. De hecho, este tratado impuesto atestiguaba la debilidad política del mundo griego, que se sometía a las directrices persas.
Más tarde Esparta pretendió imponer gobiernos oligárquicos en diversos estados, lo que provocó un nuevo levantamiento de Tebas, que esta vez fue coronado con el éxito. Persia, a causa de sus problemas interiores, no pudo acudir en auxilio de los espartanos, los cuales fueron derrotados en Leuctra y, definitivamente, en Mantinea (362 a. C.).
Dominación macedónica y Helenismo




Filipo V de Macedonia, «el cielo de Hellas», llevando la diadema real.
Macedonia
La segunda parte del siglo IV a. C. supone la preponderancia del reino Macedonio en Grecia. Su rey, Filipo II, sentía gran admiración por la cultura griega, por lo que decidió unificar a las polis griegas y terminar con las luchas internas. Filipo se caracterizó por establecer relaciones amistosas con Atenas. Pero Demóstenes, un famoso orador y político ateniense, no simpatizaba con las ideas de Filipo, por lo que formó una alianza con Tebas para derrotarle. Atenas y Tebas, por tanto, se enfrentaron a Macedonia en la Batalla de Queronea, que terminó con la derrota de la liga tebano-ateniense. Filipo se convenció de que la única manera de tener controlada a Atenas era usando la diplomacia, por lo que envió a su hijo Alejandro a acordar un tratado de paz. En el año 338 a. C., Filipo convocó un congreso en Corinto, al cual fueron todos las ciudades-estado griegas, a excepción de Esparta. Allí se creó la Liga Panhelénica (también conocida como «Liga de Corinto»). Hubo un segundo congreso al año siguiente, en el cual se declaró la guerra a Persia. Antes de poder llevar a cabo la expedición, Filipo es asesinado en el año 336 a. C. Al morir Filipo, sube al trono de Macedonia su hijo, Alejandro III, el futuro Alejandro Magno.
Alejandro Magno
Artículo principal: Alejandro Magno
El fin de la era Helenística

La restaurada Stoa de Atalo, Atenas.
El helenismo se extendió desde la fundación de los reinos de los diádocos a finales del siglo IV hasta su decadencia a finales del siglo I a. C. Dicha decadencia puede explicarse por cinco hechos principales:
El prolongado y suicida conflicto entre los Lagitas y Seleucidas que debilitó los recursos de ambos.
El enfrentamiento prolongado entre los Antigónidas y las ciudades-estado griegas que desgastaron a ambos.
La fragmentación del imperio Seleucida, que generó otros dos grandes reinos independientes y rivales: el de Pérgamo y el de la Bactria. Dicha fragmentación acabó por debilitar a los Seleucidas.
El resurgimiento de las fuerzas persas, que mantuvieron una lucha contra los Seleucidas, y también la lucha con Roma, que agotó sus recursos hasta su decadencia final.
La falta de un mínimo de sentido de cohesión frente a los romanos. Algunos de sus estados se pusieron de parte de Roma en vez de llegar a un acuerdo entre ellas mismas, lo que inclinó la balanza a favor de Roma. En el 148 a. C. Macedonia y Grecia finalmente pasan a ser parte del Imperio Romano y esto demarca el fin de la época griega.


Emperatriz Teodora y su cortejo (mosaico de la Basílica de San Vital), siglo VI.
Dominación romana
Artículo principal: Grecia Romana
Desde mediados del siglo II a. C. Grecia se convirtió, de hecho, en un protectorado Romano, y la mayoría de las ciudades griegas pagaron tributo a Roma. En 88 a. C., con el apoyo de Mitrídates, rey del Ponto, los griegos se sublevaron contra Roma, pero el levantamiento fracasó. Durante la época de las guerras civiles Grecia fue escenario de las luchas entre las distintas facciones romanas que querían hacerse con el poder. En la época Imperial se mantuvo la influencia cultural griega, pero los núcleos de expansión económica de Oriente se polarizaron en las provincias romanas de Asia. Éste período de relativa prosperidad fue interrumpido en el siglo III por las invasiones de los bárbaros. Paralelamente, la sociedad griega evolucionó hacia formas sociales y económicas de tipo feudal.
Grecia medieval


Iglesia Bizantina en el Ágora, Atenas.
Incorporación de Grecia en el Imperio bizantino
Desde la división del Imperio entre Arcadio y Honorio (395), Grecia formó parte del Imperio Romano de Oriente o Imperio Bizantino, cuya base cultural fue helénica. Las invasiones de pueblos germánicos y eslavos modificaron la composición étnica de la población. Numerosos pueblos eslavos se establecieron en las zonas montañosas, mientras que los griegos se refugiaron en las costas y en las islas. Estos eslavos fueron lentamente helenizados.
En el siglo VII los árabes se apoderaron de Chipre y Rodas. En el siglo X los emperadores lograron detener el avance de los árabes por el sur, y el de los búlgaros por el norte. Desde finales del siglo XI hasta mediados del siglo XII, los normandos saquearon varias veces las costas.
Estas invasiones favorecieron la formación de una sociedad de tipo feudal. Los emperadores, para hacerles frente, pidieron ayuda a la República de Venecia, a cambio de la concesión de una serie de ventajas comerciales. Durante la Tercera Cruzada, Chipre fue conquistada por Ricardo Corazón de León. En la Cuarta Cruzada se fundó el Imperio Latino de Oriente (1204–61) y Grecia fue dividida en una serie de principados controlados por nobles francos.
Las luchas entre francos y bizantinos fueron aprovechadas en los siglos XIII y XIV por Venecia y Génova, que se apoderaron de varias islas griegas. La división entre los principados francos favoreció a la aristocracia bizantina, que poco a poco fue recuperando la mayor parte del territorio griego. En el curso del siglo XV, Grecia cayó bajo el dominio otomano.

ROMA


Surgimiento de la civilización romana
Los etruscos, creadores de la primera gran cultura itálica, se ubicaban, hacia el siglo VII a. C., en la región que comprende desde el Arno al Tíber y desde los Apeninos al mar Tirreno. Cada ciudad estaba gobernada por magistrados y por un senado formado por nobles. La civilización etrusca era un conjunto de ciudades independientes gobernadas por una aristocracia terrateniente y comercial que nunca llegó a formar un imperio unitario.
Dominaban el comercio en el mar Tirreno, motivo por el cual pronto comenzaron las rivalidades con griegos y cartagineses.
A partir del siglo VI a. C. los etruscos iniciaron una doble expansión. Hacia el sur conquistaron Roma, estableciendo contacto luego con la Magna Grecia; hacia el norte ocuparon la llanura del Po.
Hacia el siglo VIII a. C., los latinos se habían establecido en el Lacio. El crecimiento de las aldeas hizo cada vez más imprecisos sus límites y se intensificaron las relaciones entre ellas. Esto fue dando paso a la conformación del núcleo de Roma, en su época inicial, entonces esta expansión provocó la unión de los latinos y el pueblo de los sabinos, que ocupaban las laderas del monte Quirinal.
Así surgió la Roma latino- sabina, que al principio estaba gobernada por reyes alternantes de las dos comunidades.
Monarquías romanas
En la antigua sociedad romana existía una unidad social básica, la gens. Cada gens estaba formada por aquellos que reconocían un antepasado común.
La gens se componía de varias familias, en las que la autoridad indiscutida pertenecía al padre de familia. De él dependían su mujer, hijos, nietos, esclavos, ganado y tierras.
También existían en Roma personas excluidas de la organización que formaban la plebe, compuesta por campesinos y artesanos.
El gobierno de Roma estaba compuesto por un rey, que tenía poderes religiosos y militares, además del Senado y los Comicios Curiados.
Los reyes etruscos se apoyaron en la población más nueva de Roma y se enfrentaron con los patricios, descendientes de los primeros pobladores. A fines del siglo VI, se pudo lograr la expulsión de los etruscos por la presión de los patricios y la decadencia del poder de éstos ante los avances de griegos y cartagineses.
El fin de la monarquía dio lugar a un nuevo sistema de gobierno, la república.
Roma como república
En esta época, Roma comienza la expansión por las costas mediterráneas. Esto la enfrentó con Cartago, que era otra potencia mediterránea que tenía entre otras ciudades, a Sicilia. Esta expansión la realizó mediante pactos con las ciudades y los pueblos y a través del ejército, que en ese entonces ya era uno de los más poderosos; en el 272 A.C ya había conseguido dominar toda la península.
Esta contienda con Cartago, más conocida como “Guerras Púnicas”, se divide en dos etapas:
Una va desde el año 274 al 246 a. C. Fue una disputa larga porque Roma era una potencia terrestre y Cartago una potencia marítima. Los romanos consiguieron el dominio del mar y Sicilia, Córcega y Cerdeña pasaron a ser provincias romanas.
La segunda etapa de la guerra Púnica va desde el año 218 al 202 a. C. Se originó cuando los cartagineses trataron de recuperar las pérdidas territoriales de la primera guerra.
Para ello, intentaron conquistar la península Ibérica, pero los romanos también querían el territorio y se opusieron. Se produjeron tensiones que en principio se solucionaron con el tratado del Ebro, pero el general cartaginés Aníbal rompió el tratado.
Luego Cartago logró vencer a los romanos en varias batallas y se preparaba para invadir Roma, pero decidió esperar por refuerzos procedentes de la península Ibérica. Roma aprovechó esta situación y envió a Cornelio Escipión a la península Ibérica, quien venció a los cartagineses.
De esta manera Roma quedó sin rivales y se extendió por todo el Mediterráneo.
La anexión de las provincias orientales al imperio influyó de manera decisiva en el desarrollo de la actividad industrial romana. La economía romana fue la más esclavista de la antigüedad. Los esclavos constituían la mano de obra ordinaria en los talleres urbanos y en las factorías estatales.
Esta expansión territorial produjo en Roma una crisis política y social, porque el territorio conquistado resultó que en realidad pasaba a manos de los grandes terratenientes y el reparto de las ganancias no se hacía en forma proporcional, más que nada se beneficiaba el orden senatorial.
Otro grupo que obtuvo importantes ganancias fue el de los caballeros que formaban el orden ecuestre. Éstos enriquecidos por el comercio, administraban la recaudación de los impuestos y, muchas veces saqueaban a los habitantes de las provincias.
Los Generales y Gobernadores tuvieron la posibilidad de enriquecerse ampliamente, ya que el derecho antiguo aceptado por Aristóteles y Tito Livio, reconocía al vencedor la propiedad de las tierras, bienes y personas de los países que se conquistaran en las luchas.
Si bien la conquista militar modificó la mentalidad de los primitivos romanos, condicionó también su desarrollo en el ámbito económico y político.
La defensa y organización del inmenso Imperio exigió el sostenimiento de un gran ejército y de una costosa administración.
Por ese motivo muy pronto se instauró el sistema del “Ager Publicus” o tesoro, que se nutría de confiscaciones e indemnizaciones pagadas por los países vencidos en la guerra.
Esta política de indemnizaciones no es nueva, pero Roma la puso en práctica en su más alto grado. Estos ingresos fiscales, que por cierto eran de valor considerable, no sólo se utilizaban para el mantenimiento y la ampliación de los organismos militares sino también para atender a la población romana; la mayor parte gente desocupada, soldados veteranos o incapacitados y antiguos servidores del Estado.
En cambio, para la plebe la conquista no significaba nada positivo, al contrario, ya que ella era quien sufría las consecuencias; muchos de los soldados al regresar de la guerra, encontraban a sus familias endeudadas y sus propiedades arruinadas. Los pequeños campesinos sufrían la dura competencia de los latifundios y del trigo barato que Roma importaba.
Así que la mayoría de los campesinos se marchaban para la ciudad, donde vivían en condiciones más miserables todavía o se alistaban en el ejército para tratar de sobrevivir.
El mundo romano no desarrolló lo que se podría denominar “la gran empresa”, sino más bien se dedicaban al trabajo en pequeños talleres o factorías. Lo que sí se podría destacar es la industria de material de construcción; debido al gran desarrollo del urbanismo y de las fortificaciones, éstas alcanzaron las mayores proporciones. Cabe destacar que ni siquiera las invenciones romanas como el vidrio fino, entre otras, se industrializaba; quizás se deba al elevado costo del transporte y a la baja capacidad de consumo de la población. En definitiva la producción industrial abastecía solamente, salvo excepciones, al mercado local.
El sistema político creado para gobernar una ciudad no se podía adecuar a un gobierno de tan extensos territorios, por eso la desigualdad entre los ciudadanos romanos y los habitantes de las ciudades conquistadas era causa de permanentes disturbios. La guerra social ocasionó el reconocimiento de los derechos de ciudadanía para todos los habitantes de la península Itálica, pese a esto, la agitación social no cesaba.
En el año 133 a. C., Tiberio Graco, líder de la fracción política conocida como Partido Popular, fue elegido tribuno de la plebe. Su objetivo era evitar la desaparición del pequeño propietario campesino, para eso presentó un proyecto de Reforma agraria, que limitaba la extensión de los latifundios formados con tierra estatal y favorecía la entrega de pequeñas parcelas a los ciudadanos pobres.
El proyecto de Graco parecía poder calmar un poco la inquietud social, pero el senado, que defendía los intereses de los grandes propietarios, lo demoró para que no pudiera ser aplicado. La cuestión se definió finalmente a favor de los más ricos y Tiberio fue asesinado. Su hermano, Cayo Graco, intentó continuar con el proyecto, cuando lo eligieron tribuno de la plebe en el 124 a. C., agregándole la Ley Frumentaria. Además, promovió el establecimiento de nuevas colonias y proyectó la concesión de derechos de ciudadanía a todos los habitantes de la península Itálica. A pesar de que muchos de los planes fueron aprobados, el Senado siguió interviniendo a favor de los más adinerados; la lucha continuó y el Partido Popular fue derrotado.
En el año 121 a. C., Cayo Graco se suicidó y la ley fue modificada a favor de los grandes propietarios adinerados.
Luego de esta tragedia, el Partido Popular nombró un nuevo jefe, Mario, nombrado cónsul en el 107 a. C. Impulsado por el problema del reclutamiento del ejército, enroló a todos los ciudadanos voluntarios. De esta manera, el ejército se convirtió en un medio para asegurarse un ingreso. El ejército dejó de estar a cargo del Estado para ser un organismo independiente, por lo que se convirtió en el más importante factor de poder.
En el 88 a. C., Sila, un militar bastante prestigioso que estaba a favor de los intereses del senado, fue nombrado cónsul. Aprovechando su ausencia de Roma, Mario recuperó el poder. Entonces, Sila, puso a su ejército en contra de Roma, destruyó al Partido Popular e impuso una dictadura que duró hasta el año 79 a. C. De esta manera, el senado recuperó todo su poder.
Mientras tanto, Cayo Julio César ascendía rápidamente en su carrera política. Fue elegido sucesivamente tribuno militar, cuestor, edil curul, gran pontífice, pretor, propretor de España y finalmente cónsul en el 60 a. C. César era una figura carismática que pronto se convirtió en líder del Partido Popular. A comienzos del año 58 a. C., el senado le otorgó el mando de la Galia.
Con su ejército, partió en busca de una guerra que lo popularizara aún más. En el último gran levantamiento de los galos, César logró hacer prisionero al jefe de éstos, e instaló la administración romana. Este triunfo logró la adhesión de numerosos soldados del ejército a su persona.
Mientras César estaba en Galia, Pompeyo, otro jefe militar, intentó con el apoyo de los senadores concentrar toda la autoridad en sus manos.
El senado, temía por tanto poder concentrado sólo en Julio César, entonces lo obligó a dejar el gobierno de Galia y a abandonar a sus tropas, pero él desobedeció y marchó hacia Roma.
De esta manera, comenzó otra guerra civil; Pompeyo fue derrotado por César en el año 48 a. C. y murió asesinado en Egipto.
Cuando volvió a Roma, Julio César se hizo otorgar el título de “Emperador”, concentrando todo el poder político, militar y judicial en él mismo.
Roma como imperio
A comienzos del imperio eran ya visibles los signos de descomposición social. Aficionada a los lujos y riquezas y a vivir del Estado, los romanos habían perdido su vitalidad y energía para el trabajo, sobre todo el trabajo que requería de la fuerza humana.
La población había comenzado a decrecer en forma alarmante. Se considera el gran declive de la población desde el siglo II como una de las razones principales del debilitamiento económico romano, pues la falta de mano de obra y de consumo fue responsable del colapso de la producción.
Roma se había convertido en algo así como “parásita del Imperio”; la máxima actividad tenía lugar en las demás provincias.
La competencia cerealista de las provincias arruinó las explotaciones de Italia, donde la mano de obra era carísima. El trigo importado de África era ocho veces más barato que el nacional; esta situación se hizo más notable a comienzos del siglo II, aunque se padeció durante toda la era romana.
El Estado agravaba la situación favoreciendo la entrada de granos baratos. El latifundio fue rentable mientras los esclavos eran abundantes; pero al encarecer el valor de éstos, sus propietarios tuvieron que parcelarlas y arrendarlas a esclavos emancipados; esto se extendió hasta finales del imperio.
Luego de la muerte de César, continuó la guerra civil; el cónsul Marco Antonio y Lépido, antiguos partidarios de éste, pretendieron adueñarse del poder para detener la restauración de la república que es lo que quería el senado.
Cuando Cesar pensó en su sucesión, nombró en el testamento como hijo adoptivo a Octavio, nieto de su hermana.
Marco Antonio, que en ese momento controlaba la zona del Oriente se estableció en Egipto, se casó con Cleopatra y adoptó la monarquía Oriental con un poder personal ilimitado; esto hizo que su imagen se desprestigiara.
Octavio pacificó la región costera del Adriático, garantizando así la seguridad de Italia. Como su prestigio aumentaba día a día, Lépido trató de oponerse a él y fue desterrado.
Desde finales del siglo II, las condiciones para el desarrollo industrial no fueron favorables. Las perturbaciones, la falta de capitales y de grandes sociedades capitalistas y, sobre todo, la rarificación de la mano de obra esclava, afectaron gravemente la industria romana. Los emperadores acudieron al fomento, en Occidente, de las corporaciones o “collegías” de artesanos.
En la época republicana y durante los primeros siglos del Imperio, estas collegías fueron asociaciones privadas y libres aunque requerían autorización para constituirse.
Durante el bajo imperio, la afiliación a uno de éstos colegía fue obligatoria para todo artesano y sirvieron como instrumento de control de la actividad económica y fiscal, ya que fueron los encargados de mantener los distintos servicios públicos, como transporte, correo, etc.; y a través de éstos se percibían los impuestos.
Esta organización corporativa permitía también al estado reglamentar más fácilmente los precios y las condiciones de trabajo. (Durante el siglo IV, para salvar a algunas de estas corporaciones se las eximió de impuestos, cobrándose un tributo en especie).
La unidad económica instaurada por Augusto se fraccionó y surgieron bloques económicos independientes, apenas intervenidos por Roma, sino a través de las cuestiones burocráticas.
En el siglo III se puede observar ya un declive económico general. A la gran crisis de producción y circulación de bienes se suma la inflación monetaria, de la que las responsables principales fueron las elevadísimas malversaciones del ejército y una administración poco eficiente, por lo que los resultados fueron catastróficos.
Paulatinamente, los burócratas y militares comenzaron a percibir ingresos más bajos debido a los recortes de sueldos, lo que causó malestar general en este grupo social. Para tratar de modificar esta situación, el Gobierno recurrió a los donativos y a suplementos en especie.
El ejército y los burócratas comenzaron con requisas periódicas y exigencias fiscales como medios para conseguir tener mejores salarios, este abuso siguió provocando fastidio social.
Se impusieron prestaciones obligatorias para los servicios públicos, sobre todo para las clases más inferiores, mientras que la clase acomodada disfrutaba de servicios gratuitos de interés público. Ya para esta época el liberalismo del imperio estaba desapareciendo, ya que el Estado realizaba un excesivo control de la vida económica.
Los conflictos ocasionados entre el órgano estatal y los contribuyentes pronto llegaron a tocar de cerca a los emperadores, porque ahora estaban obligados a mostrar su legitimación del poder ante el ejército, cuya importancia fue aumentando a medida que se intensificaban las guerras contra los bárbaros.
Entonces el equilibrio institucional se fue alterando a favor del ejército, porque ni el Senado ni la nobleza podían garantizar la continuidad ni el carácter incuestionable del poder imperial.
En el ejército ingresaba un número cada vez menor de personas que venían de viejas provincias, los ahora soldados provenían de provincias recién formadas o de las tribus bárbaras. Esta disparidad fue obviada ya que se reconocía que era indispensable un ejército para la defensa del Estado, que cada vez estaba más amenazado por todos lados.
La postura que adoptó el ejército fue de soborno y poder a alto precio, ya que si un emperador no obedecía sus peticiones era asesinado y reemplazado por otro. Así se fueron originando graves luchas internas que dividían al ejercito; estas luchas se fueron haciendo civiles, porque a menudo, los ciudadanos comunes eran obligados a apoyar a algún candidato.
A mediados del siglo III, en un lapso de 50 años, hubo 37 emperadores legítimos y 74 ilegítimos.
El partido que resultaba derrotado quedaba sometido a toda clase de represalias como asesinatos colectivos, saqueos y confiscaciones de bienes, que se usaban para aumentar el capital del imperio.
Octavio que era defensor de las tradiciones esencialmente romanas quedó enfrentado a Marco Antonio; ósea el Occidente contra el Oriente. La separación se inició en el año 33, y en el 31 Octavio derrotó a Antonio en la batalla de Actium.
Durante e período llamado Alto Imperio se sucedieron 3 dinastías. La Julio Claudia, estaba formada por los sucesores de Augusto. En ella se concentró todo el poder en manos de los emperadores y creció la importancia del ejército como factor político. Diocleciano extendió el sistema de factorías estatales, que ya había aparecido en el siglo I, para abastecer al ejército de materiales para la construcción en la región del Rin. Ahora la economía dirigida del Bajo Imperio exigía suplir el abandono de la producción individual fomentando nuevas factorías, como astilleros, telares, tintorerías, etc.
La legislación renovadora de Diocleciano a fines del siglo III trató implantar el comercio imperial, con un control administrado y se inauguró así una nueva etapa. Para asegurar transporte y abastecimiento, las corporaciones de transportistas marítimos que agrupaban a los comerciantes según si fueran productos alimenticios o de primera necesidad fueron sometidas a intereses del Estado. Ya el emperador Claudio había otorgado especiales privilegios a aquellos empresarios que construían navíos al servicio de la administración de abastecimientos; en adelante tuvieron que poner al servicio exclusivo el transporte estatal y se les concedieron inmunidades fiscales y otras ventajas.
También se les otorgó a los armadores de barcos la condición legal de caballeros y a comienzos del siglo V los naviculari, por ejemplo, que hacían la ruta África- Roma no pagaban sino el 1% de impuestos, pero se hallaban bajo la jurisdicción de los inspectores y obligados a itinerarios y tiempos determinados.
Esta política implantada por Diocleciano no representaba un comercio totalmente nacionalizado sino un sistema heterogéneo de las empresas particulares tuteladas por el Estado.
La propiedad era todavía privada, pero el estado asumió la responsabilidad de dirigirla. Gracias a estas medidas, el panorama comercial del siglo IV mejoró. Germania entró en decadencia, pero Britania y España se recobraron.
El ejército terminó con la dinastía, con la muerte de Nerón, y comenzó una etapa de anarquía que originó una fuerte guerra civil.
Esta guerra concluyó con la llegada de la dinastía Flavia.
Los flavios fueron excelentes administradores y constructores, que lograron la consolidación interna del imperio.
Luego siguieron los Antoninos, que durante el gobierno de los cuatro primeros emperadores lograron la mayor estabilidad del poder central. En la época de Trajano el imperio alcanzó su mayor extensión. La mayoría de los Antoninos provenían de las provincias por eso comprendían mejor las necesidades y derechos de los provincianos.
En la época de los Antoninos, más conocida como la Edad de Oro, el pueblo gozaba de bienestar general. El gran desarrollo de la vida urbana, en la parte occidental del Imperio, las mejoras de los transportes, con el desarrollo de una red de caminos y la apertura de las rutas marítimas libres de piratería, creó un sistema completo con intensas relaciones comerciales sobre un área inmensa. Éste estaba regido por un único sistema político-económico y se extendía desde el mar Báltico hasta Eúfrates y desde los Cárpalos hasta el Sahara. Los metales preciosos aportados por Trajano ayudaron a estimular la actividad económica. El consumo fue extendiéndose hasta las clases urbanas inferiores. Las regiones atrasadas del occidente experimentaron lo que había pasado varias veces en medio oriente, en Grecia, en Italia meridional y en otras regiones marítimas del Mediterráneo por la aparición de centros urbanos organizados, la economía agraria tradicional, pobre y simple, se transformo rápidamente en una economía, todavía basada en la agricultura, estaba vitalizada por un intenso cambio comercial. La expansión llegó al sector artesano, que algunas partes se transformaron en manufacturas organizadas, siempre dentro de los conocimientos técnicos del mundo antiguo.
En las zonas más periféricas, las ciudades se encontraban mas enriquecidas con edificios espléndidos, foros, templos, plazas públicas, arcos triunfales anfiteatros, termas y basílicas. La gran mayoría de éstas obras eran financiadas por miembro de la acumula da burguesía local que así pretendía transmitir su propio nombre a la posteridad. Se realizaron inversiones productivas en obras de regadío, drenaje de terrenos pantanosos, acueductos, puentes, caminos y medios de transportes, En Italia, las Galias y África, las redes de carretera era excelente.
El estado también intervino para fomentar la agricultura y satisfacer las necesidades de los pequeños campesinos cargados de familia, implanto una especie de crédito rural que les otorgaba préstamos a los agricultores, los intereses se destinaban para los niños desvalidos. Además fundaba y sostenía escuelas publicas para aumentar la educación, y así llegar a sectores que se encontraban sin esta.
El dilatado periodo de paz y la prosperidad tan difundida fueron los factores que ayudaron para dictar en el 212 la Constitución Antoniana que se extendía a todos los habitantes del Imperio.
Cuando el Estado dejó de percibir los abundantes ingresos obtenidos de los saqueos y confiscaciones de tesoros en las guerras, comenzaron los problemas.
Algunas dificultades surgieron además por el nivel excesivo que había alcanzado el consumo. Dados los altos niveles de consumo privado, el consumo público aumentó demasiado. Entonces el estado lanzó una política de bienestar desproporcionada a los recursos disponibles realizando donaciones cuantiosas a la plebe; cosa que las ciudades no aceptaron de buen gusto.
Las distribuciones de trigo ya se venían haciendo desde la época de los Graco, luego se agregó el vino, el aceite, la carne hasta incluso regalos de dinero. El aumento del gasto público en el momento en que se debía reducir aumento la crisis financiera de Roma.
Los impuestos cubrían casi la cuarta parte de los gastos anuales del presupuesto, por lo que se tuvo que recurrir a ellos para tratar de mejorar la situación. El gobierno intervino nombrando comisarios para controlar el presupuesto. Las utilidades obtenidas localmente no eran suficientes para cubrir las necesidades del presupuesto estatal.
Con cada crisis se iba notando más y más uno de los males que afectaban a la economía antigua, es decir, la concentración de la riqueza en manos de unos pocos.
Roma fue ya desde los comienzos de la conquista, gran plaza financiera y centro bancario. Pronto aparecen en ella grandes sociedades capitalistas, formadas por acciones ( o partes) negociables, en manos de miembros del orden de los caballeros o ecuestres, que recibieron el nombre de publicanis, pues tuvieron en sus manos la gestión de la mayor parte de las empresas públicas.
A los senadores les estaba prohibida la participación en estas sociedades aunque intervinieron indirectamente en ellas.. Las sociedades de publicanis eran sociedades anónimas que tendían, más que a procurarse capitales, a repartir las pérdidas eventuales derivadas de su gestión.
La primera de estas sociedades data ya de la época de la guerra con Aníbal, más tarde alcanzaron una perfección organizativa semejante a las modernas compañías anónimas, aunque sin la responsabilidad limitada y practicaron, al mismo tiempo, negocios empresariales, de financiación, y de banca.
Un aspecto importante de su actividad fue la construcción. Roma crecía desmesuradamente, y debido al empleo del cemento, sus edificios alcanzaron proporciones y alturas desconocidas en el mundo antiguo y medieval.
Se hicieron también cargo de la administración de los impuestos de los territorios conquistados, del avituallamiento de los ejércitos, de las obras públicas, del otorgamiento de créditos a particulares y al estado, etc.
Su época dorada fue la de la República. Con la implantación del Imperio la situación cambió. En adelante, apartados los senadores de los negocios y establecido un más rígido control administrativo, los capitales tuvieron que invertirse en operaciones más normales, menos especulativas, pero también menos arriesgadas.
Muchos de los antiguos publicanis, de financieros pasaron a simples administradores del Imperio, perdiendo su antigua consideración y rango.
El Forum de Roma fue una especie de bolsa mercantil y financiera y en él operaban cambistas. , especialmente griegos y alejandrinos. Utilizaron la letra de cambio pero se evitaba en lo posible la trasferencia de fondos, que se hacía por orden oral y se buscaba más bien la contrapartida por medio de asientos en los libros de los cambistas.
El tipo de interés osciló en la época imperial, por lo general, alrededor del 12% anual. En la época republicana había alcanzado cifras hasta del 48% más.
A partir del año 284, Diocleciano, el nuevo emperador logró eliminar temporariamente la anarquía y las insurrecciones, orientándose hacia el establecimiento de una monarquía oriental; el Senado había perdido ya su fuerza política.
Se puso en práctica el sistema de la tetrarquía, es decir, el gobierno de cuatro. Así el imperio tenía dos emperadores con el título de augusto y dos ayudantes que tenían el título de césar.
Desde el siglo I a. C. el Denarius de plata era la base del sistema monetario. Augusto implantó un sistema bimetálico, al reservar el derecho de acuñar una moneda de oro.
Las dificultades monetarias romanas comenzaron en el siglo II, al aumentar los gastos militares mientras que los ingresos del Tesoro mermaban por el desconcierto de la administración. Por otra parte, como Roma importaba mercancías y alimentos a todas partes sin dar a cambio otros productos, las reservas de oro iban reduciéndose.
Septimio Severo, para salvar la situación, diminuyó el contenido metálico de la moneda. Devaluó el Denarius, que llegó a alcanzar solamente un 50% de su contenido original de oro.
Sólo las monedas de oro conservaron un título relativamente aceptable.
Al mismo tiempo se habían multiplicado los talleres monetarios y se complicó el control de las acuñaciones; muchas de ellas falsas.
Los efectos económicos de estos desórdenes monetarios fueron trágicos para la economía romana. En primer lugar, los precios se elevaron extraordinariamente, hasta el punto de que entre el 255 y el 271, el precio de los cereales egipcios se multiplicó casi por 20, teniendo en cuenta que durante los 2 primeros siglos del Imperio los precios de los granos permanecieron mas o menos estables. Para evitar los efectos de esta grave inflación, el gobierno acudió a retribuir en especies a los militares y funcionarios.
Esta medida fue insuficiente y no se mantuvo por mucho tiempo. Los daños en el sector empresarial y comercial fueron cuantiosos pues la mayor estimación de la buena moneda en el mercado libre dificultaba las operaciones financieras.
El enrarecimiento del metal precioso fue tal que ni el senado ni aquellas ciudades que habían conservado sus talleres monetarios pudieron acuñar moneda.
Esta insuficiencia causó dificultad al comercio y así se da comienzo al trueque. A fines del siglo III, Diocleciano intentó arreglar esta falla económica comenzando el saneamiento de la moneda.
En el año 286 acuñó el Areus y una nueva moneda de plata, el Argenteus. Constantino completó esta reforma estableciendo un nuevo sistema monetario. En el 312 acuñó el Solidus, de oro, y la Siliqua, de plata.
Diocleciano multiplicó el número de provincias y así dividió en unidades más reducidas y de más fácil manejo.
También aumentó el número de ejércitos imperiales e implantó nuevamente el reclutamiento obligatorio.
En cuanto a la agricultura y el trabajo de la tierra, Roma no gozó de grandes capitales y apenas pudo superar las condiciones del período helenístico. No se realizaron, en general, ni se ganaron tierras para el cultivo, sólo se transplantaron algunos árboles de Oriente, como el albaricoquero, proveniente de Persia, o el castaño. También la vid, muy apropiada para el latifundismo, extendió hacia el norte su área de expansión; las obras de técnica agraria se limitaron a las provincias productoras y exportadoras de cereales; las orientales sobre todo.
Una preocupación fundamental tanto de Domiciano, como de los demás emperadores era el fomento de la producción de granos; a raíz de la escasez de éstos, y de que el trigo importado de África era ocho veces más barato que el nacional, entonces, prohibió plantar más vid a costa de los cereales, aunque este decreto no se cumplió por la oposición de los terratenientes.
En las regiones más favorecidas las obras eran más cuidadas, sobre todo las obras hidráulicas como en el norte de África y parte del territorio español. Los romanos cultivaron la alfalfa, planta de regadíos, perdida luego en la edad media. Muchas de estas explotaciones se perdieron ya en el Bajo Imperio, con la llegada de las guerras civiles y las constantes convulsiones sociales.
Diocleciano extendió el sistema de factorías estatales, que ya había aparecido en el siglo I, para abastecer al ejército de materiales para la construcción en la región del Rin. Ahora la economía dirigida del Bajo Imperio exigía suplir el abandono de la producción individual fomentando nuevas factorías, como astilleros, telares, tintorerías, etc.
Su localización estuvo condicionada a la proximidad a las materias primas y a las conveniencias del abastecimiento militar, auque de todos modos fueron bastantes numerosas.
Ya desde el Alto Imperio, la inexistencia de un amplio mercado de absorción de la producción industrial inclinó a los empresarios- para mantener los precios- a la práctica del Maltusianismo Económico. Los productores constituyeron grupos de intereses que fijaban los precios y restringían la producción al nivel de la demanda.
El comerció que ya estaba bastante afectado fue decayendo más debido a las rutas de trasporte que se habían hecho muy inseguras. En las zonas donde había guerras la decadencia se producía con muchísima rapidez, debido a que la producción agrícola caía y por consiguiente las actividades artesanales en las ciudades también.
La nobleza provincial fue la que más se vio afectada por las constantes guerras y la grave crisis económica. Justamente esta nobleza fue la más favorecida en la época de los primeros emperadores, ya que el crecimiento del Alto Imperio se basaba más que nada en el desarrollo de ésta.
Ahora, en cambio, el Estado los obligaba a pagar fuertes tributos en oro, y eran los más perjudicados en el tema de las confiscaciones de la tierra.
Luego del gobierno de Diocleciano, Constantino asumió como único emperador en el año 323.
Las ganancias comenzaron a concentrarse en manos de algunos. Más adelante, Constantino impuso a los propietarios de grandes fincas el transporte de artículos alimenticios pertenecientes al tesoro público, ya que sólo ellos disponían de medios y equipos para realizar tales labores. Muchas asociaciones de la época imperial se dieron mas que nada con la población más adinerada, lo que fue dando lugar a las experiencias financieras, como emisión de cheques, endosos y demás prácticas bancarias.
Entre los más ricos figuraban principalmente los miembros del Senado, quienes generalmente eran grandes terratenientes y los Funcionarios Públicos, más que nada los que se dedicaban a las recaudaciones fiscales; todos ellos manejaban grandes cantidades de dinero, que no estaban destinadas a su fortuna personal, aunque así lo consideraban.
Para todas estas personas poseer riqueza era sinónimo de grandes propiedades. El gran número de esclavos que tenían algunas familias también representaba sus amplios recursos financieros.
A finales del siglo IV, se redactó el Tratado de Agricultura de Paladio, que recomendaba la utilización de artesanos especializados, como carpinteros, herreros y albañiles, así el campesino no tenía excusas para trasladarse a la ciudad.
En este período se estaba desarrollando ya un nuevo sistema económico en las grandes posesiones; una autarquía e independencia de la ciudad. Más adelante, la Iglesia y los monasterios apoyaron este sistema, radicándose en grandes propiedades provincianas cultivadas por arrendatarios y esclavos.
Este proceso fue la base de la economía Feudal, o señoríos que aparecieron después en la Edad Media.
En los siglos anteriores la importancia política de Roma había decaído notablemente lo que hizo que Oriente permaneciera siempre firme. Por eso Constantino trasladó la capital del imperio al Oriente y la rebautizó con el nombre de Constantinopla.
Ya más adelante, En el año 361, el emperador Juliano intentando satisfacer las necesidades de las clases inferiores además de ayudar a los pequeños agricultores. Por esta razón, tratando de dar con una solución distribuyó 3.000 lotes de tierra, pero en poco tiempo pasaron a manos de los más ricos. También dictó un gran número de disposiciones tanto para el sector social como para el económico como la condonación y reducción de impuestos a favor de las clases más bajas, distribución de tierras, fijación de precios para los alimentos y quitó los privilegios fiscales para la nobleza.
Todas estas reformas aplicadas no eran bien recibidas por los ricos, quienes acusaban a Juliano de tener actitudes demagógicas.
La Iglesia también comprendió el grave problema de la acumulación de la riqueza y defendió la actitud de Juliano; San Basilio, por ejemplo, recomendaba que los ricos hicieran circular su riqueza y San Ambrosio proyectó la teoría del Precio Justo.
En el año 368, Valente declaró ilegal colocarse bajo el mando de un terrateniente, pero la mayoría de los pequeños agricultores no tenían apoyo del Estado e inevitablemente debían renunciar a su propia libertad. En el 372, se renovó una prohibición por la cual los administradores de las ciudades no podían arrendar las tierras municipales por su propia cuenta.
La expansión de las grandes tierras también se daba a expensas de las grandes tierras públicas que poseía la ciudad. Esas tierras habían quedado sin repartir desde el momento de la fundación de la ciudad o provenían de algunas donaciones.
En el Alto Imperio y en adelante, el Estado favorecía a todos los que pusieran en uso las tierras improductivas aplicando la Lex Manciana, más adelante Adriano dictó la Lex de Rudibus Agris que apoyaba las determinaciones de la anterior.
Con el propósito de obtener ganancias inmediatas, los emperadores realizaron numerosas concesiones de tierras públicas, de esta manera cobraban los impuestos correspondientes a los nuevos propietarios. Este arrendamiento, al principio fue de cortos plazos, renovándose cada 5 años, pero más adelante se realizaron contratos de larga duración si el enfiteuta se comprometía a mejorar las tierras personalmente.
Constantino distribuía los bienes públicos entre sus más allegados, cuestión que perjudicaba gravemente el sistema de los arrendamientos.
Otro factor negativo era en asignar al terrateniente locales otras tierras de poco valor con la obligación de cultivarlas y de pagar impuestos por ellas. Esta institución, la epíbole, se usó ampliamente en el período imperial. De este modo los que más se favorecían eran los terratenientes, porque este método afectaba tierras no cultivadas y ellos eran los únicos que tenían los medios para adquirir los equipos necesarios para ponerlas a producir. Por eso es que se considera a la epíbole como una de las causas más importantes de la ruina de las pequeñas explotaciones agrarias.
Tiempos de decadencia
Hacia mediados del siglo IV, los bárbaros se instalaron en el territorio romano como colonos y se incorporaron al ejército; la llegada de poblaciones extranjeras del este hacía que hubiera menos diferencias entre las tropas que atacaban y las que defendían el imperio.
Los ejércitos romanos se fueron constituyendo con soldados germanos, algunos, como Estilicón y Odoacro llegaron a ser altos jefes militares.
Ya a fines del siglo IV esta instalación paulatina se transformó el una oleada de pueblos germánicos. Como esta situación resultaba incontenible, Roma no tuvo otra opción que integrar a los germanos.
Las luchas germánicas para desplazar a los romanos se dieron más que nada en el Occidente, ya que el Oriente poseía una gran estabilidad tanto económica, como política y social, lo que hizo que saliera invicta de esta situación.
A principios del siglo V, los visigodos invadieron Italia y saquearon Roma; después se establecieron en el sur de Las Galias y en Hispania. Mas adelante los Anglos, Jutos y Sajones ocuparon Inglaterra y los Francos el norte de las Galias. Mientras, los Hunos extendieron su reino hacia el oeste, bajo el mando de Atila.
Ya la desaparición del Imperio era inevitable, los germanos se habían adueñado del occidente de roma, y en el año 476, el general germánico Odoacro destronó al emperador Rómulo Augústulo y decretó el fin del Imperio Occidental.

CRISTIANISMO


El cristianismo es una religión monoteísta de origen judío que se basa en el reconocimiento de Jesús de Nazaret como su fundador y figura central. Sus seguidores creen que Jesús es el hijo de Dios y el Mesías (o Cristo) profetizado en el Antiguo Testamento, muriendo por los pecados del género humano, resucitando luego de ello.
Dentro de sus escritos sagrados, comparte con el judaísmo el Tanaj, llamado Antiguo Testamento por los cristianos. Por este motivo es considerada una religión abrahámica junto al Judaísmo y al Islam.
Sus inicios datan del año 33[1] aproximadamente, cuando era considerada una secta judía al igual que otras creencias de la época.[2] Desde que el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano en el siglo IV, ha influído de manera significativa en la cultura occidental y en muchas otras culturas a través del mundo. En la actualidad posee más de 2.100 millones de adherentes,[3] o cerca de un tercio de la población mundial, siendo la religión con más seguidores del mundo.
La palabra "cristianismo" proviene del griego χριστιανους, christianóus, ‘cristiano’, la cual a su vez proviene del nombre propio Χριστός, Christós, traducción del hebreo "Mesías" que significa "Ungido". El origen del término se indica en el libro de Hechos de los Apóstoles:

Creencias
El criterio general para basar las creencias se encuentra en sus escritos sagrados, entre los que destaca la Biblia, siendo la única fuente doctrinal válida de muchas denominaciones, en particular las de corriente protestante.
Otra fuente doctrinal importante son los credos, aunque no poseen necesariamente la unicidad de criterios para su aceptación, ya que pueden ser aceptados total o parcialmente, o rechazados en su totalidad, dependiendo de la denominación. Algunas tradiciones cristianas, tales como los bautistas y las Iglesias de Cristo, aceptan estas creencias, pero no el credo mismo, debido a que los credos son considerados en estos grupos como no pertenecientes a las escrituras. Todo lo anterior sucede también con otros escritos aunque no poseen tanta aceptación como la Biblia.
Existen enormes diferencias en las creencias de aquellos que se identifican como cristianos, aun así es posible plantear afirmaciones generales las que describen las creencias de una gran mayoría, entre las que destacan:


Cristo crucificado, de Diego Velázquez
Jesucristo es el Mesías (o Cristo) descrito en el Antiguo Testamento y el hijo de Dios. Las corrientes principales del cristianismo aseguran que es completamente Dios (o divino) y completamente humano: dos naturalezas en una persona.
La Trinidad: Dios es un ser único y eterno que existe como tres personas eternas, distintas e indivisibles: Padre, Hijo (Logos divino, encarnado en la persona de Jesucristo), y el Espíritu Santo.
La salvación de los "pecados y la muerte" está disponible a través de Jesucristo, él es el camino al Padre, debido a su muerte en la cruz y su posterior resurrección dando como consecuencias la vida eterna. La rama teológica que estudia el como sucede esto se denomina soteriología.
La ascención de Jesucristo al cielo, la instauración del Reino de Dios o del señorío de Jesucristo y su Segunda Venida.
La "Resurrección General", en la cual las personas que han vivido se levantarán de la muerte al final del tiempo, para ser juzgadas por Jesucristo.
No todos los cristianos han aceptado completamente estos estatutos de fe. De hecho, la mayor parte de los credos apuntan a diferenciar ciertas creencias de otros cristianos primitivos, los cuales son tomados como heréticos. Ejemplos de esto incluyen a los grupos ebionitas, los cuales niegan la divinidad de Jesús, así como los grupos docetistas, que niegan que Cristo haya sido humano, o los arrianos, quienes rebaten que el Padre y el Hijo sean "un ser".
Las iglesias que excluyen algunos de estos postulados, usualmente representan una divergencia consciente de la corriente principal del cristianismo. Aunque algunos grupos se desvían de estas doctrinas, otros los toman como base absoluta del cristianismo. Es por ello que muchas de las variaciones son consideradas heréticas o incluso "no cristianas" por muchos grupos de la corriente principal del cristianismo[cita requerida]. La mayoría de las disputas se centran en la divinidad de Jesús, la Trinidad, o ambos.
Escrituras


Biblia Vulgata
Como en la mayoría de las religiones, existe dentro del cristianismo un grupo de libros agrupados en lo que se conoce como Biblia, y que contiene texto sagrado para su consideración y obediencia. Las distintas denominaciones cristianas varían en cuanto al contenido e interpretación de dichas escrituras.
Textos
Virtualmente todas las iglesias cristianas aceptan la autoridad de la Biblia, lo cual incluye el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, si bien el canon bíblico, o libros que se incluyen, difieren entre las diferentes denominaciones, como es el caso del Antiguo Testamento.
En el catolicismo se incluyen los libros llamados Deuterocanónicos desde el siglo IV. Estos libros fueron retirados después de la Reforma por el protestantismo, igualando los libros incluidos en el Antiguo Testamento al canon aceptado por el judaísmo.
Se entiende por texto apócrifo todo libro bíblico que no se incluye en el canon aceptado, si bien, tanto el catolicismo como el protestantismo coinciden en utilizar este término para referirse a textos excluidos del canon católico, reservando el de Deuterocanónicos para los libros propios del catolicismo.
Algunos grupos cristianos también han generado escrituras adicionales y son consideradas como escritura "inspirada". Ejemplos muy conocidos incluyen el Libro de Mormón, que declara ser "otro Testamento de Jesucristo", Doctrina y Convenios, y la Perla del Gran Precio empleados por los mormones; o las escrituras de la fundadora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy.
Otros, como los Testigos de Jehová, han producido sus propias traducciones de la Biblia en los que se asegura que son la única traducción totalmente confiable. Esta elevación de otras escrituras al mismo nivel de las escrituras aceptadas es la mayor causa de disputas entre estos grupos y las principales corrientes cristianas. Se podría esperar que los luteranos y los calvinistas considerasen las interpretaciones de Lutero y Calvino respectivamente con similar reverencia, pero no es así; de hecho la mayoría de los teólogos católicos y protestantes están de acuerdo que no son de ninguna forma "inspirados".
El grado de sacralidad de los textos bíblicos varía entre las distintas denominaciones. En el catolicismo y la iglesia ortodoxa, el texto suele ser considerado per se digno de algún grado de culto, y es llevado en procesión y colocado en altares o lugares dignificados. En el protestantismo, el texto carece de este tipo de valoración y sólo es tomado en cuenta, en forma independiente al libro físico, el contenido de las escrituras y su interpretación.
Interpretación
Entre las distintas denominaciones cristianas no existe consenso en la interpretación de la Biblia, lo cual ha sido la principal causa de las divisiones históricas y presentes en la doctrina y práctica cristiana. La posición más extrema en cuanto a la literalidad y conservacionismo del contenido de la Biblia cristiana se ha denominado "fundamentalismo cristiano" y se asocia principalmente al protestantismo. Esto tiene relación a uno de los principios de la Reforma, que es la sola scriptura de acuerdo a lo cual, se ve a la Biblia como la única y final fuente de fe y doctrinas y asume que cualquier creyente cristiano es capaz de interpretarla.
Católicos, ortodoxos y algunos anglicanos consideran a la Biblia como una fase formativa de la tradición de la iglesia, la cual ha sido continuada mediante decisiones de los concilios ecuménicos, las escrituras de los Padres de la Iglesia y, en el caso del catolicismo, por declaraciones papales.
Una de las causas de las diferencias en las interpretaciones radica en la precisión con la que se han traducido los textos de los originales y se ha transmitido su sentido, con las consideraciones etimológicas y lingüisticas que corresponden.
Debido a esto, existen en el mundo numerosas traducciones de la Biblia, cuyo sentido, muchas veces, carece de la fiabilidad requerida y varía su sentido, hasta el punto de generar controversias doctrinales o de aplicabilidad entre quienes las interpretan.
La vida después de la muerte


Representación artística del Purgatorio
Las visiones de los cristianos de la vida después de la muerte generalmente involucran el Cielo (también llamado Paraíso) y el Infierno. El catolicismo, desde los primeros siglos cree en un lugar intermedio llamado Purgatorio. A excepción de este último (cuyos habitantes entrarán finalmente al Cielo, después de una "purificación"), la permanencia en estas regiones es usualmente asumida como eterna. Hay, sin embargo, algunos debates en este último punto, por ejemplo entre los ortodoxos.
Muchos cristianos interpretan la "salvación" como la capacidad de entrar al Cielo (y escapar del Infierno) después de la muerte, aunque algunos teólogos han lamentado esta tendencia. La pregunta de "quién es salvo" ha sido considerada como un misterio por muchos teólogos, aunque los protestantes lo consideran como un tema de aceptación de Jesús como único Señor y Salvador, rasgo que es sólo la expresión de un hecho consumado para los predestinacionistas, como los calvinistas. La creencia de que todos serán o pueden ser salvos se conoce como universalismo.
Generalmente no está claro cómo la vida después de la muerte se ajusta con la doctrina de la Resurrección General, en cuestiones como, por ejemplo, si la vida eterna comienza inmediatamente después de la muerte, o al final del tiempo; y si esta vida después de la muerte involucrará la resurrección de un cuerpo físico o en una forma espiritual glorificada. La mayoría de los cristianos aseguran que un alma sin conciencia sobrevive a la muerte física del cuerpo, aunque otros, rechazan esto diciendo que solamente los buenos serán físicamente "resucitados", mientras que los otros permanecerán en la tumba.
En cambio, los Testigos de Jehová aseguran que los muertos están inconscientes e impotentes en sus sepulcros, que no existe nada que sobreviva a la muerte del cuerpo físico, y que en la resurrección Dios devolverá la vida a quienes Él tenga en su memoria, tanto personas justas como injustas. Por lo tanto, lo que creen los Testigos es que la resurrección significará una reconstrucción completa de los seres humanos fallecidos que están durmiendo en el sueño de la muerte.
Algunas denominaciones cristianas, tratadas como apóstatas por la corriente principal del cristianismo, han promovido la creencia en la reencarnación (principalmente el Nuevo Pensamiento e iglesias de la Nueva Era) o fantasmas (muchas iglesias espiritualistas se identifican a sí mismas como cristianas). Estos grupos normalmente aseguran que tales doctrinas se pueden encontrar en la Biblia o en la tradición cristiana primitiva.
El fin del mundo
El Credo Niceno afirma que este mundo algún día llegará a su fin, cuando Cristo regresará (véase Segunda Venida) para juzgar a los vivos y a los muertos e inaugurar un cielo nuevo y una tierra nueva. Además de esta importante doctrina, los cristianos mantienen diferentes opiniones del tiempo, significado y naturaleza de los eventos que preceden el retorno de Cristo. Varias interpretaciones escatológicas como el Futurismo, añaden detalles como el reinado del Anticristo, el Armagedón, el Rapto, y el Milenio. Aunque son de mucha importancia para ciertos grupos, la mayoría de los cristianos y las denominaciones cristianas no le dan un gran énfasis a las enseñanzas escatológicas enfocándose en el Evangelio y las enseñanzas de Cristo. Algunos cristianos esperan que estos eventos ocurran en un futuro muy distante, mientras otros lo interpretan de manera simbólica.
Otros insisten que el Juicio Final es inminente, siguiendo una antigua línea de pensamiento el cual posiblemente se extiende a Jesús mismo. Aunque Jesús no dijo el "día o la hora" otros han intentado predecir el fin del mundo en el año 1000 (la "Larga Noche de Terror"), 1666, 1844 (la Gran Decepción de la historia del movimiento millerita), 2000 y 2001 por nombrar algunos episodios históricos. Tales expectativas son fácil blanco para el humor (por ejemplo, el Cuento de Miller de los Cuentos de Canterbury). Aun así, los principales grupos cristianos todavía afirman que algún día, el Juicio Final vendrá, y muchos no estarán preparados.
Algunos grupos sostienen que todos estos eventos ya han ocurrido. Los Testigos de Jehová dicen que "los últimos días" referidos en la Biblia comenzaron en 1914, y que Cristo se encuentra gobernando de manera "invisible" desde 1917. La Iglesia de la Unificación enseña que Cristo ha retornado en la persona de su fundador, Sun Myung Moon.

EDAD MEDIA



EL PERIODO HISTORICO MEDIEVAL
Los avances producidos en el conocimiento humano y los cambios que a lo largo de la historia de la humanidad surgen en el pensamiento y por tanto en los comportamientos y culturas, han sido entre otros muchos motivos, fruto del interés humano por conocer y comprender la historia. Las palabras de Henri Irénée Marrou, están muy acertadas al incluirlas en el desarrollo del tema, aludiendo a la Filosofía como eje principal en las elaboraciones históricas y como la ciencia histórica es un reflejo de la historia del pensamiento occidental, convirtiéndose las diversas tendencias ideológicas o filosóficas (racionalismo ilustrado, idealismo romántico, empirismo liberal, etc...) en características fundamentales para el estudio de las diferentes etapas de la Historia. Resumiendo, aunque existen claras diferencias entre la Historiografía (ciencia que permite elaborar el conocimiento histórico y transmitirlo) y la Filosofía de la Historia, cabe destacar la mutua relación y dependencia que tienen la una de la otra.
Debido pues a este interés humano por el conocimiento de su historia, ha sido necesario fragmentarla a modo temporal y espacial, aunque la división espacial se centra en la historia de occidente, heredera del mundo judío y grecorromano, debido a la falta de conocimiento y el desinterés que los primeros historiadores mostraron en otros espacios geográficos y la actual uniformidad del pensamiento y comportamiento occidental que existe en la actualidad en el mundo, convertida en la cultura dominante {1}.
Por otro lado, existe la necesaria división temporal, debido como he dicho antes a la antigüedad de la Historia y a la cantidad de hechos relevantes necesarios de ser estudiados con precisión. Esta división histórica era ya de interés en la antigüedad, donde podemos destacar las cinco edades de Daniel, visionario e intérprete de los sueños de Nabucodonosor. Cuatro edades que coincidían con cuatro grandes imperios: Asirio, Persa, Macedónico y Sirio (correspondientes a las cuatro estatuas soñadas por el rey.) Según las visiones o profecías de Daniel, estos cuatro imperios serían destruidos por el Imperio del Mesías, relacionado con el Imperio Romano, dando lugar a la quinta y última etapa de la Historia, y digo última, porque según Daniel, este Imperio (confundido con el cristianismo), jamás será destruido.
Siguiendo este modelo de Daniel, trabajarán los historiadores medievalistas, entre los cuales se destaca en el tema a Isidoro de Sevilla, elegido debido a que refleja el doble origen del mundo medieval, que se encuentra entre el judío y el clásico grecorromano. Para Isidoro, existen seis edades. La primera corresponde a la Creación del Hombre y finaliza con el Diluvio Universal. La segunda edad llegaría hasta la época de Abraham, época en la que surgen los reinos de los escitas, egipcios y asirios, y Zoroastro inventa la magia.) La tercera edad la sitúa entre el reinado de Abraham y David, época relevante debido a la aparición de la astrología, la escritura y la música, y en la cual se cree que vivió Homero.
La cuarta edad, corresponde al reinado de David, época en la cual finaliza la ocupación de Judea por Nabucodonosor, se fundan las ciudades de Cartago y Roma, profetiza Daniel y filosofea Tales de Mileto.
La quinta edad corresponde a la época que distan estos hechos hasta el nacimiento de Cristo, y durante estos años se dan a conocer Sófocles, Eurípides, Demóstenes y Aristóteles, además de surgir y desaparecer el Imperio Macedónico. Roma ocupa Grecia, Siria, Egipto y Judea y Julio Cesar se corona Emperador de Roma.
La sexta y última etapa de la Humanidad según el modelo isidoriano se produce con el nacimiento de Cristo, confundido como ya he dicho con la Historia de Roma, de sus emperadores, y de los pueblos bárbaros que entraron en las tierras imperiales. Para Isidoro, el final de esta historia "solo Dios lo sabe".
Posteriormente, como sabemos, el Imperio Romano en su decadencia, queda dividido en dos, Occidente y Oriente, y permanece primero como el Imperio Caroligno y después como el Imperio Germánico, coexistiendo con los dos el Imperio Bizantino, el cual existiría desde el nacimiento de Cristo hasta la caída de Constantinopla por manos de los Turcos, es hasta este momento lo que consideramos el fin de la Edad Media, y también el fin de las cinco edades de Daniel y las seis de Isidoro.
Luego con la llegada del Renacimiento y la admiración que sentían los humanistas por el Imperio Romano, se desarrolla la idea de que entre la época romana y la actual de los humanistas (ambas consideradas notables en cuanto a cultura), existió una época oscura, despreciable y bárbara a la cual llamaría, la media tempestas, o edad de las tinieblas.
El concepto de media tempestas, no se plasmó oficialmente hasta 1688 cuando Cristóbal Keller fijó por primera vez los limites de la Edad Antigua, Media, y Moderna.
El concepto de Edad Contemporánea se desarrolla durante el siglo XIX.
Notas
{1} A modo de comentario, creo que la falta de interés que los primeros historiadores mostraron en culturas no occidentales consiste, en que la actitud dominante de occidente no corresponde solamente a la actualidad, sino que la actualidad es heredera de la actitud dominante que existía en la antigüedad, heredera como ya he dicho del mundo judeo- grecorromano, imperios dominantes en su época.




PUEBLOS GERMANOS


Los pueblos germanos o germánicos fueron una etnia de origen indoeuropeo que pertenecía al grupo de las tribus que ocupaban la región ubicada al norte del Imperio Romano, conocida como Germania. Las tribus germánicas más conocidas son los godos, los francos, los burgundios, los vándalos y los suevos. A pesar de constituir tribus separadas, los germanos poseían características muy similares.

Origen de la denominación.
Como los romanos los consideraban formidables guerreros, es probable que su denominación provenga del término germánico heer-mann[cita requerida], hombre de guerra, que también dio origen a los actuales nombres propios Hernán y Germán[cita requerida]. Puede también provenir de Hermann[cita requerida], el caudillo germano que masacró las legiones de Varo en la batalla del bosque de Teutoburgo. Esta derrota caló hondo en el orgullo de los romanos, ya que debieron replegarse a la ribera izquierda del Rin, frontera que perduró hasta la desintegración del Imperio Romano.

Historia.
Según los hallazgos arqueológicos, se establecieron hacia el año 500 a. C. sobre las costas del Mar Negro y el Mar Báltico. Los antiguos griegos no supieron de su existencia y los romanos recién los conocieron cuando los germanos comenzaron a avanzar hacia el interior de Europa alrededor del comienzo de la Era cristiana. Este avance pudo haber sido causado por catástrofes naturales o por su gran aumento demográfico. Se estima que en esa época sumaban entre uno y cuatro millones, contra menos de un millón de romanos y sus vasallos. Para contener sus avances, los romanos crearon una frontera fortificada, el limes («límite» o «frontera», en castellano), a lo largo del Rin y el Danubio.

El comienzo de las invasiones.
Entre los años 235 y 285, Roma estuvo sumida en un periodo de caos y guerras civiles. Esto debilitó las fronteras, y los germanos, en busca de nuevas tierras, se desplazaron hasta la frontera norte del Imperio. Los emperadores de la época permitieron el ingreso de los germanos bajo dos condiciones: debían actuar como colonos y trabajar las tierras, además de ejercer como vigilantes de frontera. Sin embargo, la paz se acabó cuando Atila, el rey de los hunos, comenzó a hostigar a los germanos, que invadieron el Imperio. Luego de la retirada de los hunos, las tribus bárbaras se establecieron en el interior del Imperio: los francos y burgundios tomaron la Galia, los suevos, vándalos y visigodos se asentaron en Hispania, los hérulos tomaron la península Itálica tras derrotar y destituir al último emperador romano, Rómulo Augústulo. Posteriormente, los hérulos se enfrentarían a los ostrogodos, saliendo estos últimos victoriosos y tomando el control de toda la península.

Los reinos germánicos.
Artículo principal: Reinos germánicos
Los distintos pueblos germánicos se asentaron en diferentes zonas del antiguo Imperio Romano de Occidente, fundando reinos en los que los germanos pretendieron inicialmente segregarse como una élite social separada de la mayoría de la población local. Con el tiempo, los más estables de entre ellos (visigodos y francos) consiguieron la fusión de las dos comunidades en los aspectos religioso, legislativo y social.
La diferencia cultural y de grado de civilización entre los pueblos germánicos y el Imperio romano era muy notable, y su contacto produjo la asimilación por los germanos de muchas de las costumbres e instituciones romanas, mientras que otras propias de sus antiguas tradiciones e instituciones se conservaron, formando así la cultura que se desarrolló en la Europa medieval y que es la base de la actual civilización occidental.

Características comunes.
La cultura del Bronce (alrededor de 1200 a. C.) en el norte de Europa.
Todos los pueblos germánicos se regían por una monarquía electiva. El rey o jefe de la tribu era elegido por una asamblea de guerreros, que además administraban la justicia, pactaban la paz o declaraban la guerra. No poseían un código legislativo, por lo que se regían por el derecho consuetudinario.
La organización en cuanto al poder era bastante simple. La clase de los visigodos, que tenían acceso a los puestos de mando (asamblea de guerreros, mandos militares) y podían ser nombrados reyes de su tribu. Los hombres libres, quienes formaban parte del ejército, practicaban la caza y otras actividades cotidianas. Los esclavos, quienes debían trabajar las tierras y obedecer a un amo; sin embargo, recibían un trato más o menos similar al de un hombre libre, al contrario de culturas como la griega y la romana.

Cultura.

Odin montando a Sleipnir (Tängvide imagen en piedra, siglo VIII).
Aunque aparentemente compartían una lengua ancestral común, al momento de su avance sobre el interior europeo ya tenían varios dialectos hablados principalmente por:
los pueblos nórdicos o escandinavos,
los germanos occidentales,
los germanos orientales.
Su organización social era de tribus independientes, que ocasionalmente se confederaban para la guerra, aunque a menudo también lo hacían entre ellas. Eran pastores y agricultores seminómadas, cuyos asentamientos eran poco duraderos. No tenían alfabeto (el rúnico de los escandinavos se usaba sólo para fines religiosos), por lo que no hay registros escritos de su historia hasta su encuentro con los romanos. Tenían esclavos y hacían vasallos semilibres a los pueblos conquistados. Su religión es poco conocida y no parece haber sido central en sus vidas, ya que la mayoría de ellos se convirtió rápidamente al cristianismo. Algunas tribus, como los francos salios, establecieron relaciones de clientela con los romanos, sirviendo ocasionalmente en sus ejércitos. Estas relaciones sentaron la base del futuro régimen feudal, y los dominios que establecieron fueron el origen de los reinos medievales y los actuales países europeos.